Por Viko Hernández Olivares

Regularmente, cuando entablo una conversación acerca de música con alguna persona es inevitable que no aparezca el nombre de Gustavo Adrián Cerati. El baúl de mis recuerdos (una caja en donde conservo mis boletos de conciertos a los que he asistido) guarda con gran cariño y añoranza el boleto con la tinta desgastada y en la que se puede leer el apellido de quién considero me cambió la vida en menesteres musicales.

Todos tenemos momentos que nos marcan, y asistir a un concierto es una experiencia en donde lo puedes sentir todo. Mi primer acercamiento con la música de Cerati fue su maravilloso Ahí vamos, un disco que es una larga duración en donde queda de manifiesto de qué va el rock: guitarras, distorsiones, letras memorables y llenas de prosapia.

Posterior a aquel 7 de Noviembre de 2006, fecha en que asistí a dicho concierto, comencé a consumir toda su música. Tanto sus discos como solista, su enorme legado con Soda Stereo y las innumerables colaboraciones que tuvo con diferentes músicos. Se volvió una parte imprescindible de mi vida y de mis días, un referente en una de las cosas que más me gusta: el rock.

Entender la trascendencia del considerado “Maestro” dentro de la escena musical de latinoamérica es obligatoria. Muchas veces cuestionado por su trabajo, la verdad es que cada pieza musical nos entregaba una razón para imaginar, para creer, y sobre todo, para sentirnos vivos.

Su historia está marcada como la de cualquier adolescente que quiere juntarse con sus amigos y formar una banda. Fueron los años 80´s en donde el joven Cerati sentó sus inicios; The cure, R.E.M y The Police son quizá las influencias más notorias con las que comenzó su trabajo. Y sobre todo, con las que se fue definiendo el sonido de Soda Stereo.

Así llegaron los discos y sus maratónicas giras; el talento y significado que tenía su música quedaba de manifiesto en lo que hacía sentir a las generaciones que crecieron con él. Tanto Zeta Bosio como Charly Alberti fueron sus dos compañeros con los que compartió ideas y durante 16 años ininterrumpidos hicieron vibrar a millones de personas.

No podemos dejar de lado a hombres como Luis Alberto Spinetta y Charly García, quienes fueron de enorme trascendencia para su carrera musical. En ellos encontró una forma de entender la música y de plasmar sus ideas. Quizá, esa forma casi poética de expresar sus sentimientos fue lo que lleno de gloria todo lo que construyó con el correr de los años.

La inquietud que le despertaba seguir vivo dentro del ambiente musical lo llevo a expresar sus ideas de manera individual. Amor Amarillo, Bocanada, Siempre es hoy, Ahí vamos y Fuerza Natural son las pruebas de un hombre con una creatividad sin igual. No por nada Charly García lo considero un “Arquitecto” dentro de la escena musical de todo el mundo.

Todavía en 2007 la vida le dio una oportunidad de demostrar lo que significaba y “Me veras volver” se convirtió en una gira en donde Soda Stereo deleito a sus más fieles seguidores y a las nuevas generaciones. Abarrotando todos los lugares en donde se presentaron, la memoria colectiva se quedó con la gran prosapia musical que poseía.

En Mayo de 2010 quedamos en estado de shock al saber que Cerati, nuestro “Maestro”, sufría un problema cerebrovascular. Era una primera despedida, el trágico final llegaría un 4 de Septiembre, cuatro años después Gustavo dejaba esta vida. Su legado quedaba intacto.

Su paseo inmoral había terminado, ese gran corazón delator no pudo despertar porque no había pasado el reaggetón. Hoy quizá está tocando junto a un lago en el cielo, saboreando un jugo de luna y recordando aquellas imágenes retro de su picnic por la vida. Su raíz siempre fue la música, aquella con la que nos construyó un puente y nos recordó que siempre es hoy. Sus señales luminosas nos hacían creer en cosas imposibles. Ahora bailemos una danza rota entre caníbales, para siempre recordar su música ligera.

Pidamos un té para tres y démosle ¡gracias totales!