Por Viko Hernández Olivares

Tantas fachas, tantos cuestionamientos y tantas interpretaciones me hacen pensar en el punk como un género transgresor. Nacido desde abajo, en las calles y bares pestilentes; en el corazón de las personas más necesitadas. Al término PUNK se le confirió un significado derogativo, aquel donde las personas se comportan como unos marranos, ojetes y gandallas.

La eterna lucha del proletariado contra el sistema, en donde nada es confiable y a todo se le cataloga como transgresivo y provocador. Su sonido entregaba un rock desnudo, básico, rápido, violento, y sobre todo, agresivo. Además de lo musical, su esencia traía consigo arte, cultura, burla, corazón, ironía, desmadre y un recurrente compromiso, tanto social como con ellos mismos.

La historia señala a Malcolm McLaren y su mítica tienda “Sex”, considerada de antimoda y ropa de piel, como un lugar emblemático en la concepción del punk. Ubicada en Londres y llena de chavos señalados como jodidos, rápidamente se vuelve un punto de reunión y es donde el joven John Lyndon junto a Glen Matlock crearon a los Sex Pistols, lo demás es historia.

Pese a que fueron los Ramones en 1976 cuando lanzan su disco homónimo, es el Never Mind the Bollocks, Here´s the Sex Pistols de 1977 el disco celebrado como el punto de partida del punk. A ellos les siguieron The Damned y su Damned, damned, damned (1977), Misfits y su Static Age (1978) y The Clash con su The Clash UK (1977) como los pilares de un incipiente género musical que decía mucho e incomodaba aún más.

Del otro lado, estaba el régimen establecido y sus métodos de contrarrevolución cultural para mantener todo a su conveniencia. Además de ser señalado y vetado de los medios de comunicación, se le relaciono con la satanización de la drogas, el narcotráfico, las enfermedades de transmisión sexual (principalmente el SIDA), y sobre todo, con el comunismo y el terrorismo.

El lenguaje utilizado provocaba una guerra intensa, pero desde una posición desigual en donde se distorsionaba la realidad. Ellos eran fieles portavoces de las demandas sociales: policías corruptos, represión, miseria, regímenes políticos autoritarios, y su mejor arma, la injusticia. El sonido de sus canciones era un escaparate que capturaba de la mejor manera el ambiente de caos y distorsión.

Mas tarde llegaron bandas como Talking Heads, Blondie, The Pretenders, Bad Religión, NOFX, entre otras; que le siguieron dando sentido a dicha corriente. Es a partir de la segunda mitad de la década de los 70´s, durante los 80´s y los 90´s cuando goza de sus mejores años. El presente siglo lo distorsiono todo, de una manera descarada y alejada de su esencia.

Pero también en México se experimentó la oleada punk, aunque su llegada fue contraria a la forma en que se creó. Como casi todo género musical de aquella época, fue introducido por Juniors que tenían acceso a la información proveniente de aquellos países. Por lo cual, en sus inicios, y como lo señala Juan Manuel Valenzuela, el punk era más rock y facha que otras cosas.

Ya establecido en el país, los punks se confieren como auténticos nómadas urbanos. En donde la heroína, el alcohol y los fármacos se vuelven su estilo de vida, además los pelos parados, los pantalones rasgados y a la usanza de los Ramones, con sus respectivas chamarras de piel, fueron la marca registrada de los punks en territorio nacional.

Así fueron llegando una diversidad de propuestas y estilos, pero fueron MASACRE 68, ATOXXXICO e HISTERIA las bandas más recordadas entre los fieles seguidores. Aunque también tienen un lugar especial Rebel D´Punk, Psicosis, Anti-Gobierno y los D.F.CTUOSOS. Todos ellos alzando su voz ante los constantes atropellos de los gobiernos en turno. Lo que les valió que fueran criminalizados y casi vetados.

Pero eso no fue impedimento y fueron los hoyos funky los lugares que albergarían a dichas bandas para mantenerse en contacto con su público. Muchas veces sin un salario establecido y tocando simplemente por el puro antojo y unas cuantas chelas y comida. Las constantes adicciones de sus integrantes fueron acabando con las diferentes bandas, más el legado quedaba ahí.

Eso es el punk: una constante lucha entre la criminalización y la ironía, entre la arbitrariedad y la desfachatez, entre el autoritarismo y el valemadrismo, entre el silencio y el ruido, entre la injusticia y el enojo. Eso es, así se concibió y así lo entendemos, porque ese mal llamado “happy punk”, que tanto dio de que hablar en los inicios del presente siglo, es facha. El verdadero punk no te pone feliz, te hace encabronar y gritar al aire: ¡Hey, go, let´s go!