Por Viko Hernández Olivares

El acercamiento con la música es algo que debe sentirse, antes que entenderse siempre estamos en búsqueda de experiencias nuevas. Cuando escuchas algún clásico por vez primera es una sensación única, aquella que hace que te interesen ciertos géneros musicales y los adoptes como un referente más en tu rutina diaria y por el resto de tus días.

Las recientes muertes de Chris Cornell y Chester Bennington dejaron ver cuestionamientos acerca de estado actual del rock. El rock nunca morirá, es una de las frases que más me gusta y que inmortalizo Neil Young. Ahora bien, sus referentes sí morirán, es una cuestión natural que tarde o temprano dejarán este mundo aquello íconos que nos han hecho vibrar durante años.

La forma en que ocurrieron dichos decesos trae a nuestra mente momentos cumbres del rock como los fallecimientos de John Lennon, Jim Morrison o Kurt Cobain, por mencionar algunos. Repetidamente, cada que su música se reproduce nos preguntamos el por qué de ello, un ejercicio martirizador que nos hace pensar en su cierto egoísmo y sobreexposición a la que se veían sometidos.

Son personajes que se vuelven frágiles, ya que la mayor parte del tiempo están en contacto directo con la realidad. Una pasmosa y cruenta realidad que los hace caer en diferentes estados de ánimo. Contrario a lo que referentes de otros géneros musicales no experimentan, ellos maquillan una realidad inexistente, en donde hacen creer un mundo perfecto.

En cambio algo que ha distinguido al rock durante décadas es el discurso que trae consigo, aquel que en el fondo nos deja una enseñanza. No por nada la década de los 60´s trajo consigo una apertura al discurso político, enfocado en la premisa del amor y la paz que era la bandera del hipismo y de la cual el rock tomo diversos elementos para construirse desde diferentes voces.

Y así fue como se fue construyendo a través del tiempo; en donde se definieron géneros como el heavy metal, el rock progresivo, el punk, el grunge, el indie, entre muchos más. Pese a las perdidas mencionadas de íconos trascendentales, la voz del rock tomaba fuerza e incomodaba en un mundo donde las cuestiones arbitrarias nunca habían sido trastocadas.

Todo representaba una forma de vivir, de entenderse, de expresarse… de hacerse notar y sentir. Pese a que los grandes intereses económicos querían tergiversar su fondo, nunca lo lograron. Bandas prefabricadas para complacer fines comerciales eran tan efímeras como sus intenciones de suprimir y borrar a un género musical que decía mucho e incomodaba otro tanto.

Es por eso que al día de hoy esas muertes dejan un vacío y una sensación de que todo está perdido. Lo mismo pasó con la partida de Cerati, Lemmy o David Bowie, el panorama no luce nada esperanzador. Aseguramos que el rock muere, craso error; el rock está ahí, aún nos hace sentir y pensar que en verdad no todo en el mundo está podrido y con un escenario desolador.

Cada que le damos play a esas obras que forjaron el camino del rock sentimos sensaciones que nos hacen creer en su sonido, sus letras y sus convicciones. Son esas vibraciones que experimentamos la primera vez que reproducimos el Dark side of the moon, el Nevermind o cualquier otra obra trascendental del rock y que nos ha hecho creer en un estilo de vida.

Conforme transcurran los años veremos con tristeza como varias figuras del rock parten rumbo a otra dimensión. El rock ha madurado, y si bien no va a morir esta habido de referentes. Aquellos que hagan creer y reinventen su discurso, en donde se crean obras memorables y que servirán como bandera para las futuras generaciones entregadas al rock.

No aceptemos esa consigna simplista que dice “el rock está muriendo”, tan solo pensemos que aquellas mentes brillantes tuvieron que partir. Ahora más que nunca, en donde el mundo parece ser una bomba a punto de estallar, recurramos a esa música que seguramente en nuestros peores estados de ánimo o en los días más felices de nuestras vidas nos acompaña. Y que como nos lo ha hecho creer The Who son parte de mi generación, aquella que tenga algo que decir y que nunca opte por quedarse callada.