1959, la Ciudad de la Furia recibía en disfraz de piel humana un nuevo integrante a la sociedad argentina, que cambiaría la forma de comunicarse a través de la música.

Gustavo Adrián Cerati Clark, fue como le registraron en su acta de nacimiento el 11 de agosto de ese año. Para algunos el mejor músico de la historia del rock latinoamericano, para otros, simple referente de época, bajo cualquier esquema proyectó su marca personal en el tiempo, logró lo que pocos de la especie logran, trascender con autenticidad.

Saber de la existencia de Gustavo Cerati, como de cualquier otra personalidad culturalmente relevante en cualquiera de sus contextos, no sólo se traduciría en ser simple seguidor o admirador, sino aumentar el conocimiento que portamos.

El ex líder y vocalista de Soda Stereo representó a una generación de liberación y cambio de paradigmas en los escenarios sociales, entre las decadas de los 70´s y 80´s Argentina pasaba por una crisis política-económica con la “Guerra de las Malvinas”, en contra de los ingleses, lo que implico dentro de las múltiples medidas políticas, la no trasmisión de música británica en los medios de comunicación, vaya desafío para las bandas locales, esto significó -la oportunidad- para toda una generación de músicos, proponer alternativas sonoras de nivel, así aparecieron Los Abuelos de la Nada, Los Fabulosos Cadillacs, Enanitos Verdes, Miguel Mateos y ZAS o Bersuit Vergarabat, por mencionar algunos, pero los Soda dosificaron innovación en su propuesta, lo que justamente los llevó a fortalecer su popularidad, ubicándolos como el grupo más visionario en Latinoamérica durante los 80´s, quienes después de 15 años se separarían con un concierto en el River Plate, en Buenos Aires, donde Cerati daría las “Gracias Totales”.

En 1993, Gustavo presenta la primera de sus producciones como solista, “Amor Amarillo”, del que sigue uno de los favoritos, “Bocanada”, así viene “+ bien”, soundtrack que hizo para el largometraje con el mismo nombre, “11 Episodios Sinfónicos”, “Siempre es hoy”, “Ahí vamos” y “Fuerza Natural”, de éste último expresó haber llegado al fondo de su esfera existencial como músico.

El Cerati que conocemos hoy, fue un músico vocacional que no tenía otro fin en este mundo que mover las texturas internas en miles de personas, con un estigma de sabiduría en sus letras conceptualizadas, perfección musical y detalles que viajan en ondas invisibles a nuestros ojos, pero penetran auditivamente para producir secreción de emociones en nuestro cerebro, por tener en cada nota, ejecución y palabras, un elevado y eterno nivel vibratorio energético de amor. 

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