Café Tacuba (o Café Tacvba pa´ los modernos) es sin duda uno de los grupos de rock mexicano más influyentes de la historia. Solo los Caifanes o El Tri se podrían comparar a su enorme trascendencia e influencia dentro del rock en nuestro país. Miles de bandas han querido rememorar sus más grandes glorias, y no es para menos, fueron en verdad un grupo que rompió esquemas y dio frescura y apertura a una corriente que en la década de los 80´s había sido reprimida y señalada por el gobierno: el rock.

Todos aquellos que crecieron en los 90´s presenciaron el gran auge; su creatividad al máximo esplendor. No es raro que las canciones estén presente en la memoria colectiva de diferentes generaciones. Todavía nos regalaron una pieza más en la primera década del presente siglo: el Cuatro Caminos. Junto a él, álbumes como el Re, Revés/Yo soy o Avalancha de éxitos son venerados y recordados con gran nostalgia por todo lo que le aportaron a la escena musical de aquellos años.

Cientos de portadas, un documental y un sinfín de premios y reconocimientos los han hecho una agrupación referente del rock mexicano. Incluso lo ocurrente o extrovertido de su vocalista, Ruben Albarran, era un sello distintivo, aunado a la gran capacidad musical que tenía como el resto de sus compañeros. Pese a la gran exposición mediática lograban mantener una postura firme de lo que eran, sus creencias y convicciones… pero llego el 2007.

Dicho año lo cambio todo, su presentación en el Vive Latino (hace ya una década) confirmo que el Café Tacuba del principio había cambiado. Y no había cambiado solo musicalmente, eso ya lo habíamos presenciado en sus discos anteriores, sino que habían cambiado sus convicciones, sus creencias… su esencia. Trataron, creo yo, de ser complacientes con las nuevas modas y tendencias musicales, cosa que no hacía falta.

Siendo obvio que le habían hecho guiños al ska, al pop, entre otros géneros y modas musicales, habían permanecido fieles a lo que les dio grandeza. De hecho, si analizamos sus discos hasta el Cuatro caminos todos eran totalmente distintos, pero con su sello distintivo que desde el primero acorde decías: “ah, pues son los tacubos”. Cosa que el Sino, El objeto antes llamado disco o los adelantos Jei Beibi no demuestran. Se han vuelto un grupo complaciente y una copia de lo que nunca serán.

Además, se han visto envueltos en una sobreexposición que a ratos pareciera meras estrategias de publicidad. Si bien las labores “altruistas” de  Rubén pueden ser cuestionadas, también es verdad que muchas veces parecen complacientes y un tanto burdas. Lo cual alcanzo su punto máximo al retirar de sus presentaciones la canción “Ingrata”, como presunta muestra de apoyo a la creciente ola de feminicidios y violencia hacia las mujeres que se presentan a lo largo y ancho del país.

La realidad es que no se nota aquel Café Tacuba que te hacía sentir como en aquellos años en donde gritabas a todo pulmón cada una de sus rolas. Son unos tacubos que al tratar de reinventarse los inventaron. No son ese grupo que llama la atención, no solo dentro de la escena local, sino más allá de las fronteras. Porque si no conociéramos quienes son, de donde vienen y que aportaron, pareciera que son un grupo más del montón, aquellos que pasan sin pena ni gloria, cuando su historia dicta todo lo contrario.

Quizá sea el momento del retiro, no lo sabemos, solo los años nos dirán si quedan en la memoria o el olvido. Esperemos y no sea lo segundo, porque algo es cierto: pachucos, cholos y chundos crecimos con ellos.