Por Nancy Gissell Villarreal Islas
Fotos cortesía OCESA

El tráfico defeño nos hizo una mala pasada, pero lo logramos. Eran aproximadamente las nueve de la noche del 20 de noviembre de 2015, cuando ingresé acompañada al Palacio de los Deportes. Los asistentes ya podíamos presenciar el acto de The New Regime, nuevo proyecto musical liderado por Ilan Rubin, músico conocido por su trabajo con bandas como Nine Inch Nails y Paramore. La atmósfera era roja mientras todos nos encaminábamos con cerveza en mano hacia el lugar idóneo para presenciar a la banda estelar.

Dejando una interesante propuesta sobre el escenario, The New Regime se despidió de la audiencia al presentar a Muse como el siguiente acto que veríamos. Siguieron 15 minutos en los que la multitud se hacía más grande e intentaba compactarse alrededor de la barrera. El ambiente se amenizaba con canciones distintas, mientras que el movimiento de staff en el escenario y en las parrillas ubicadas sobre nuestras cabezas comenzaba a notarse.

A las 9:45 pm las luces se apagaron, los gritos de emoción no se hicieron esperar y entonces la voz de  Matt Bellamy se internó en la atmósfera entonando Drones. En vivo es otra cosa; es exactamente la misma voz, pero diferente la sensación que causa. Sinceramente esa canción en específico no me gustó la primera vez que la escuché, pero no importó, ahí estaba y la disfruté.

MUSE MÉXICO

Las primeras cuatro canciones presentadas fueron del álbum Drones (Drones, Psycho, Reapers y Dead Inside).  Prendieron bastante y la banda coreaba que: “Your ass belongs to me now…” y que: “You’re dead inside”.

Luego sonaron Bliss y Citizen Erased; todos nos remontamos a aquellos buenos tiempos, a las canciones de hace años que todos seguimos disfrutando (y esperábamos escuchar). Con un impresionante material audiovisual proyectado en pantallas enormes distribuidas a lo largo  y sobre el escenario, tocaron The 2nd Law: Isolated System, creando un equilibrio perfecto sonido-visión: luces azules, líneas luminosas, rostros blancos enormes sobre nosotros, era imposible no prestar atención y asociarlo con lo que se escuchaba.

A partir de ese momento, combinaron sus temas emblemáticos con el material de Drones que están promocionando en esta gira. De sus “clásicos” pudimos corear: Supermassive Black Hole (apoyados por los puños), Starlight (apoyados por las palmas), sorpresivamente el cover de Feeling Good (apoyados por el cuerpo entero),  además de Undisclosed Desires, Madness, Time is Running Out y Uprising. Revolt y The Handler fueron de sus nuevos temas, los más aclamados en esta parte del show.

Matt Bellamy se paseaba con todo y su sensualidad a lo largo del escenario 360º, interactuando hasta con el alma más lejana; también pudimos “sabrosearnos” de cerquita a  Christopher Wolstenholme desde el extremo derecho del escenario (donde me encontraba). Dominic siempre al centro en la bataka.

El concierto siguió y el piano anunció a Mercy;  en el climax de la canción, papelitos grises comenzaron a volar y caer sobre los cuerpos acalorados de los que estábamos en pista. Eran miles y ni así podías dejar de cantar. Después hielo seco se abrió paso por la nube de papeles y sumó fuerza una atmósfera de algo como… libertad.

MUSE MÉXICO (3)

El acto final fue Knights of Cydonia (Uy, otro clásico…). La histeria estalló y al lado mío un grupo de chicos comenzó con el típico “slam”, mientras que el resto nos destrozábamos las cuerdas vocales y cuando le ponías atención a tu cuerpo, ya estabas saltando sobre tus pies y con el puño arriba.

Al término de este número la banda se despidió. Cada uno se tomó su turno, recorrió el escenario y agradeció a la audiencia. “¡Muchas gracias, “Mecsico”!”, dijo Matt.  Ya con el reciento iluminado, los asistentes nos dividimos en dos: los que salían y los que esperamos un poco… porque qué tal si regresaban.  Eran aproximadamente las 11:30 cuando el Palacio de los Deportes se vaciaba de gente.

La multitud se aglutinó afuera del Palacio para comprar el “recuerdito”. “Llévese la playera de estos güeyes”, se escuchaba  cómicamente a lo largo de la calle. Al seguir nuestro camino, cuadras más adelante, mi acompañante y yo vimos pasar dos camionetas blancas grandes, largas como la noche y decoradas con luces neón: extravagantes. “¡Son ellos!”, pensamos. Un 70% de probabilidad según las circunstancias.

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Sentimientos generales:

Las grandes ausentes de la noche: Plug In Baby, Hysteria y New Born, a  mi parecer se extrañaron bastante.

Mucho se ha habla y se reconoce, que Muse ha dejado un poco de lado lo que era antes. Que su reciente trabajo no es lo mismo, que ha perdido naturalidad y estilo. Esta situación les ha costado unos cuantos seguidores. Han perdido la fe en ellos.

Sin embargo, como seguidora de la banda (y sí, me mantengo fiel) desde sus primeros trabajos, no quise desaprovechar esta ocasión y le di una oportunidad a Drones. Estoy muy satisfecha. Había escuchado de sus conciertos, de la súper producción que tienen, y por fin comprobé que verdaderamente sus presentaciones son grandes, ya que no sólo ofrecen un concierto, es todo un espectáculo musical-visual.  Hay que destacar que este hecho no hace menos a lo que se escucha, son grandes intérpretes, con voces impecables y con un dominio natural del escenario y de los instrumentos.

Su espectáculo vale totalmente la pena porque son buenos músicos, porque han sido los creadores de  grandes canciones que seguimos recordando a pesar del paso de los años y así generaron un legado. Porque así su trabajo tenga una evolución, no deja de ser bueno. Porque aunque no te haya convencido tanto The 2nd Law, te sabes Madness, y Psycho te hace mover la cabeza y pensar en la realidad del mundo. Realmente, Muse llegó para  quedarse en la mente y corazón de muchos.